Pontifical y extraordinaria en la prensa

Recogemos los diversos artículos que hoy aparecen en la prensa sobre los actos de ayer.

DIARIO CÓRDOBA

250 años de Jesús Caído

La popular hermandad del Jueves Santo celebró en la Catedral su aniversario iniciando después una procesión extraordinaria de regreso al convento de San Cayetano 

250 años de Jesús Caído
F. MELLADO 27/09/2015

La hermandad de Jesús Caído celebró ayer en la Catedral sus 250 años de historia. La corporación que nació en el convento de San José (San Cayetano), auspiciada por los frailes carmelitas descalzos. Desde entonces hasta hoy la cofradía ha recorrido un largo camino siendo en la actualidad una de las cofradías cordobesas que, ajena a modas, sigue manteniendo su esencia, la misma que ayer se pudo ver en la procesión de regreso a San Cayetano.

cordoba2Como estaba previsto, a las 18.30 horas dio comienzo en la capilla de Villaviciosa de la Catedral un solemne pontifical de acción de gracias por esta vida de hermandad, una vida que ayer se notó más que nunca atendiendo al alto número de participación de hermanos y fieles.

Tras la eucaristía se empezó a formar el cortejo que llevaría a los titulares de la popular hermandad del Jueves
Santo hasta su sede canónica en la iglesia de San Cayetano. Cruz de guía, hermanos portando cirio y a lo lejos ya se vislumbraba la inconfundible silueta de Jesús Caído. Sonaban las campanas en la torre de la Catedral a la vez que la sevillana banda de Nuestra Señora de la Oliva, contratada para acompañar el paso de palio, en
tonaba la Marcha Real seguida de la marcha Jesús Caído , del maestro Enrique Báez.cordoba1

Con esta sintonía Jesús Caído avanzaba desde el Arco de las Bendiciones dispuesto para bendecir a los cientos de fieles que en el Patio de los Naranjos quisieron ser partícipes de la historia de esta centenaria hermandad. El paso del Señor se pudo contemplar con un exuberante exornado floral a base de lilium color rojo pálido salpicado de statice morado, mientras que la imagen lució para esta histórica ocasión la túnica morada que, bajo diseño de fray Juan Dobado, realizó Francisco Pérez Artés.

A la vez que Jesús Caído se dirigía hacia la Puerta del Perdón, ya acompañado por la banda de las Cigarreras, una amplia hilera de cirios blancos nos anunciaban que la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad estaba presta a salir, un hecho que no tardó en suceder. Así, el palio negro de la titular del Caído asomaba ya a la Puerta de las Palmas. Fue el momento en el que la banda de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras entonó la Marcha Real .

El paso de la Virgen iba exornado con lilium blanco mientras que en las jarras delanteras y friso llevaba orquídeas también en blanco.

Como estreno se pudo ver en la calle de la candelería una reproducción de la Virgen del Carmen de San Cayetano, regalo de la Archicofradía hermana del Carmen.

Así, la hermandad, con su particular sello, con un inmejorable repertorio de marchas y arropada en todo momento por mucho público, comenzó su itinerario por las calles de la ciudad, calles por las que no había pasado nunca, otras que después de algún tiempo volvían a ver a Jesús Caído y algunas por las que es habitual verlo, todas con un encanto especial, donde la cofradía se pudo recrear.

Sin duda, el momento más especial fue la llegada a Santa Marina y poco después a la Cuesta de San Cayetano, toda engalana para recibir a los titulares que 250 años después mantienen viva la llama de la fe.


 

ABC

La magia de lo efímero

R. C. M. ABCCORDOBA / CÓRDOBA
Día 27/09/2015 – 12.07h
Jesús Caído y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad vuelven a hacer historia por las calles de la ciudad

Nuestro Padre Jesús Caído, al salir de la Catedral
Y como si de un sueño se tratase, ya todo pasó. Sin pena y con mucha gloria, Nuestro Padre Jesús Caído y la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad ya descansan en San Cayetano tras cumplir una jornada histórica. Acompañados en todo momento por una marea humana, los titulares del Jueves Santo protagonizaron un desfile espléndido.

Los nervios estaban a flor de piel antes de la salida desde la Catedral. El peso de la historia caía sobre los hombros de la veterana cuadrilla de hermanos costaleros, que con paso firme enfilaron la Puerta de las Palmas. Fue entonces cuando la Banda de Música de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras entonó la marcha «Jesús Caído», compuesta por Enrique Báez en 1955. Un regalo para los asistentes. El primero de los muchos que aún estarían por llegar.

ABC

La entrada en escena de la banda de cornetas y tambores de Las Cigarreras desató el júbilo del numeroso público presente en el momento de la salida del principal templo de la Diócesis. Mientras, el nutrido cortejo compuesto por más de 200 hermanos y varias representaciones de hermandades –tanto locales como foráneas- asomaba por el Patio de los Naranjos. Instantes después, el generoso palio de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad hacía acto de presencia. Vestida con su saya y manto de salida de color negro y con su triste semblante lleno de amargura por la muerte de su hijo, la titular mariana desapareció por las enmarañadas calles de la Judería.

Clasicismo
Para la inédita ocasión, la cofradía no cambió sus particulares señas de identidad. Seriedad, clasicismo y gusto por la tradición. Quizás, lo más atrevido fue el exorno floral de Jesús Caído formado por lilium naranja y estatis morado. Por su parte, la Soledad apostaba sobre seguro con lilium blancos, rosas y orquídeas en las jarras frontales.

Y llegó uno de los momentos más esperados. La cuadrilla de costaleros de Jesús Caído, dirigida por Manuel Orozco, convirtió el tránsito por la calle Deanes y la entrada en Conde y Luque en auténtica magia. Si ya es complicado que un paso de esas dimensiones logre atravesar la infinita estrechez de esas calles, hacerlo con dos marchas enlazadas como «Ave María» y «En mis recuerdos» fue una hazaña memorable. Un momento sólo empañado por la gran cantidad de público delante del paso, que dificultaba el caminar del cortejo. Asimismo, sobrecogedora fue la imagen del gran paso de la Soledad –el mayor de la Semana Santa de Córdoba- girando por los recónditos rincones de la judería con el suave tintineo de las bambalinas.

Muy emotiva fue también la llegada de ambos pasos a la iglesia de Santa Ana, lugar en el que la Archicofradía de la Virgen del Carmen Coronada colocó un altar para rendir honores a las imágenes de la corporación penitencial, con la que comparten mucho más que una simple sede canónica. De hecho, la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad estrenó ayer una Virgen del Carmen de plata en la calle central – realizada en el taller de Antonio Cuadrado- que la hermandad carmelita le ha regalado por su 250 aniversario.

Justo unos metros después del saludo al altar carmelita, una de las potencias que porta Jesús Caído en su cabeza cayó producto de una fuerte «levantá». Minutos más tarde, otra de estas piezas doradas se desplomó en la calle Cruz Conde, hecho que oblligó a la cofradía a parar para recomponer la escena.

Una vez solucionados los problemas, la cofradía avanzó en su itinerario. La recuperación de parte del recorrido antiguo permitió un momento mágico con el giro de las imágenes en la calle Osario, antes de abandonar el centro de la ciudad. El tiempo se detuvo minutos más tarde, con la entrada de los sagrados titulares en un abarrotado barrio de Santa Marina. Su barrio no faltó a la ocasión y vistió sus mejores galas. Tan sólo la falta de azahar en los naranjos separaba esta estampa de la de un Jueves Santo.

Mención aparte merece el trabajo del grupo joven de la hermandad en la organización de esta efeméride. Al engalanamiento habitual de calles y balcones con banderas o colgaduras, se sumó la colocación los días anteriores de unos discos con la heráldica de la cofradía para señalizar todo el recorrido. Iniciativa que de buena gana agradecieron los visitantes.
El Carmen esperaba en Santa Ana con un altar
A su llegada al templo, por primera vez en décadas, no estaba su «Carmeluchi» para lanza sus tradicionales «Vivas» a tan veneradas imágenes. Ahora, esos gritos resuenan aún más fuerte desde el cielo, desde donde ayer bajaron Jesús Caído y su bendita Madre para ofrecer un testimonio de fe inquebrantable. Un idilio que cumple ya 250 años y que, teniendo en cuenta el enorme respaldo que la cofradía tuvo en la calle, promete seguir sumando generaciones


 

EL DÍA

El Caído despierta el otoño cofrade

Miles de personas se encuentran con el Señor de San Cayetano en su salida extraordinaria
Á. ALBA | ACTUALIZADO 27.09.2015 – 01:00

Miles de personas arroparon ayer a la Hermandad de Jesús Caído y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad en su salida extraordinaria con motivo del 250 aniversario de su fundación. Al ambiente que habitualmente hay un sábado cualquiera en los alrededores de la Mezquita-Catedral se sumó el interés de los cordobeses por ver salir del primer templo de la Diócesis al Señor de San Cayetano. Turistas a los que la procesión pilló por sorpresa, familias, grupos de amigos y hasta algunas jóvenes de despedida de soltera se juntaron en el entorno de la Puerta del Perdón.

DIA1 DIA2La expectación de los cofrades por esta salida de Jesús Caído desde la Catedral era máxima, y sobre todo por verlo subir por la Judería hasta la plaza de las Tendillas, un recorrido que esta hermandad no realiza en su estación de penitencia. A este atractivo se sumó el fervor que hay en la ciudad por esta imagen, lo que provocó que el ambiente fuera muy similar al de una tarde de Semana Santa cordobesa.

En esta procesión extraordinaria hubo muchos momentos especiales que, sin duda, la hermandad guardará para el recuerdo, como cuando la Banda de la Oliva de Salteras interpretó la marcha Jesús Caído, que Enrique Báez le dedicó en 1955, al pasar por la Puerta de las Palmas. Después, ésta acompañó a la Virgen durante su recorrido y con el Señor tomó el relevo la Banda de Cigarreras (Sevilla).

También quedará en la retina de los presentes la imagen de los titulares de la hermandad de San Cayetano subiendo por la Judería, ya caída la noche, con las estrecheces de Deanes y Conde y Luque y el respeto de los presentes en forma de silencio.

Y, antes de llegar a las Tendillas e introducirse en el barullo del centro de la ciudad, la hermandad hizo una parada especial en el altar montado en la puerta del convento de Santa Ana, en Blanco Belmonte, fundado por las Carmelitas Descalzas, misma orden que regenta el convento de San Cayetano, hacia donde el Caído y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad regresaron ya de madrugada.


 

CORDÓPOLIS:

De la memoria el mañana escrito está

La hermandad de Jesús Caído completa de manera brillante, y con la cálida compañía de una multitud de cofrades, su salida extraordinaria con motivo del 250 aniversario de su fundación

La imagen de la ciudad es otra. Donde antes hubiera murallas, ahora existen plazas o calles. Los restos de aquellas paredes en ocasiones son sólo eso y nada más. Quizá la fotografía en piedra de un pasado que es de todos, de los que en época pretérita vivieran y de los lo hacen hoy. También de todos cuantos hayan de venir después. El presente está escrito con esos días y permite iniciar el relato del futuro. Es distinto, como será mañana, pero nunca desaparece. El latido de Córdoba mantiene su fuerza. Por supuesto, igual continúa el de la hermandad torera, la que entre naranjos llena con la presencia de sus titulares el barrio de Santa Marina. Cada Jueves Santo ocurre. Un sábado cualquiera, que por motivo extraordinario deja de ser uno más, también puede suceder. La estampa es tan cordobesa como la que ofrece al de acá y el de allá la imagen de la Mezquita-Catedral. De repente, las dos se funden en una composición perfecta, de absoluta armonía y como reflejo de la grandeza de la historia. Es posible que cuando todo termine, aunque nunca sea el final, parezca todo un sueño. Pero no lo es y en el tiempo va a perdurar.

Cuando la oscuridad es total en el cielo, la luz tiene mayor potencia si cabe en la tierra. La que pisan fieles y costaleros, la que otros musicalizan con sus sones. Por sorpresa toma la madrugada del domingo a centenares de cofrades que en la Cuesta de San Cayetano atienden la subida de Nuestro Padre Jesús Caído. La llama ardiente así es más que nunca y como siempre. Dos siglos y medio de historia acompañan al Señor, así como a la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad, que superada la una de la noche vuelve a estar en su hogar. Si bien éste es el corazón de una ciudad que paladea el especial sabor de lo que sus sentidos desconocen hasta este día. Puntualidad estricta existe en el instante en que la cofradía pone broche dorado a su emotiva jornada, que lo es también por cuantos faltan. Como su hermana Carmen Acosta Carmeluchi, cuyos “Vivas” suenan una vez más. No falta su presencia en el alma de su gente.

Salida extraordinaria de la hermandad de Jesús Caído. | TONI BLANCO
Salida extraordinaria de la hermandad de Jesús Caído. | TONI BLANCO
De brillante manera culmina la hermandad de Jesús Caído el que quizá sea principal acto de la conmemoración de su 250 aniversario fundacional. La salida extraordinaria de sus titulares es razón más que sobrada para que el Patio de los Naranjos, desde muchos minutos antes del inicio de la procesión, acoja a centenares de cofrades. No sólo de Córdoba, sino también de otros lugares. En la Mezquita-Catedral comienza un relato definido con tinta indeleble. Porque memorable es y en el tiempo permanecerá. Por vez primera, el paso de Nuestro Padre Jesús Caído camina a los sones de una banda de música. Es la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva de Salteras, que obsequia a la multitud en el lugar congregada un instante inolvidable. Se escucha “Jesús Caído”, de Enrique Báez Centella. Tras el inicio en la Puerta de las Palmas, a la salida del primer templo de la Diócesis, la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora de la Victoria toma el relevo. La magia musical de Las Cigarreras toma una ciudad expectante, cuyas calles apenas tienen capacidad, en algunos momentos, para acoger a cuantos quieren vivir una tarde y noche para el recuerdo.

Es sencillo saber por dónde camina el cortejo que precede a Jesús Caído y a la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad, pues sólo es necesario observar las señales, en forma de discos con el escudo de la hermandad, que lucen por distintos puntos del casco histórico de Córdoba. Es al grupo joven de la corporación de San Cayetano a quien se debe esa realidad. Engalanadas están muchas calles que van a recorrer las imágenes, que extraen la emoción de los cofrades a su paso por Deanes y Conde y Luque. Nadie quiere que acabe el momento, pero no cabe otra que continuar el trayecto, que tiene uno de sus puntos álgidos en Santa Marina. El barrio no se ausenta de la cita con su Señor, el de los toreros. Abarrotado, éste asiste al lance definitivo con el capote de la devoción por parte de las cuadrillas de costaleros. Abarrotado, éste atiende el último suspiro de una noche que ya es eterna. También cuando las puertas de la casa de hermandad de la cofradía se cierran, allá arriba junto a la iglesia conventual de San José. Abarrotado, éste sabe que lo vivido, vivido está y vivo continuará. Porque al igual que el ayer narra el presente, de la memoria el mañana escrito está.